sábado, 14 de julio de 2007

El Rechazo y su Poder Destructivo:

Quería hablar de este tema porque todos en algún momento de nuestras vidas hemos Rechazado al alguien o hemos sido Rechazados, a veces concientes otras veces no, el hecho es que puede llegar a tener un efecto negativo en la persona dependiendo de muchos factores.

El motivo por el cual podríamos ser rechazados puede variar, y puede ir desde nuestro color de piel, aspecto físico, preferencia sexual, nivel económico, estrato social, discapacidad y un largo etc.

Si me situó desde el punto de vista de ser rechazado, lo importante para seguir adelante sin que esto me afecte es tener una auto-estima bien elevado, darme un gran valor a mi mismo, y respetarme , porque como exigirlo luego a los demás sino lo practico conmigo, tener en cuenta mis principios y valores, y tomar lo positivo de lo negativo, esto y mas seria mi fortaleza para seguir adelante en mi camino.

Y si estoy del lado de quien Rechaza, ya sea consciente o no, tomar en cuenta el daño que se puede llegar a hacer, no hacer lo que no me gusta que a mi me harían. Todos somos seres Humanos con igual potencialidades a desarrollar.

En fin me gustaría complementar todo esto, con la opinión de Juan C. Caramés, sobre este importante Tema:


Desarrollar sanamente nuestra alma y la de nuestros seres queridos no es una tarea sencilla. Hemos visto que la escasa provisión de las necesidades básicas del alma genera una autoestima endeble. Sabemos que esto repercute en nuestro comportamiento y la calidad de nuestras relaciones. Establecer buenos lazos con los semejantes es el principal reto de las familias y de toda organización humana. Lamentablemente es más fácil destruir que construir. Es sumamente sencillo derribar la confianza y sentido de pertenencia de los demás.

Hay una actitud que lacera terriblemente la autoestima humana. A este agresor se le ha denominado el asesino del alma. Se trata del rechazo, el cual es la antítesis de las necesidades básicas del alma. Al rechazar a alguien golpeamos directamente su necesidad de aceptación y respeto. Las heridas que provoca el rechazo son profundas y dolorosas. Como dijimos anteriormente las personas pasamos nuestra vida intentando ganar la aceptación de los demás. Cuando nos rechazan sentimos que nuestros esfuerzos han sido vanos y la inseguridad toma lugar en nuestro corazón.

Una persona que se siente rechazada tiende a desarrollar amargura. Si el rechazo es el asesino del alma, la amargura es su cáncer. Como todo cáncer, la amargura se multiplica e invade la naturaleza emocional. Al afectar la mente y el corazón genera actitudes negativas. Dentro de las consecuencias más comunes de la amargura están el aislamiento afectivo, la rebeldía y el protagonismo negativo.

La razón principal por la que un corazón amargado evita abrirse a relaciones afectivas es temor al rechazo. Quien vive con amargura abrió su corazón, lo puso a disposición de alguien más y en lugar de cariño recibió agresiones. Para evitar que esto vuelva a suceder la naturaleza humana echa a andar un mecanismo de defensa para protegerse de otra desilusión.

Un alma cerrada pierde su capacidad para tomar y dejar ir. Una persona con amargura no puede recibir expresiones de bondad. Tampoco las ofrece pues teme que le vuelvan a lastimar y prefiere no correr el riesgo. Así, una persona que fue creada para dar y recibir afecto se priva de ese derecho y privilegio. Sus relaciones se tornan incompletas, protocolarias y por lo mismo insatisfactorias. A esta actitud ante la vida la he denominado “aislamiento afectivo”. Este es el caso de personas muy reservadas. Su inexpresión llega a convertirse en parte de su personalidad. Incluso su comunicación afectiva con su cónyuge e hijos es prácticamente ninguna.

El aislamiento afectivo lo encontramos tanto en hombres como en mujeres sin importar su edad. Los individuos que padecen este síndrome generalmente ignoran que su actitud perjudica a su familia. Confunden la necesidad de amor de los suyos con cursilería. Esconden su temor a abrirse con argumentos como: “así soy yo”, “mi naturaleza es reservada”, “por qué se quejan si no les hago mal alguno”, etc. Su amargura les roba la libertad para disfrutar sus encuentros con los demás. Se resisten a recibir manifestaciones abiertas de cariño y son inexpresivos incluso durante sus relaciones íntimas. Las actitudes que lastiman a la gente pueden ser planeadas o no, pero el resultado es el mismo. Cuando alguien nos rechaza no necesariamente tiene la intención de hacerlo. Esto es similar a cuando ocurre un accidente y alguien sale lesionado. Lo más importante no es quién provocó la tragedia, sino atender a las personas que resultaron heridas. Quizás quien generó el percance jamás se enteró de lo sucedido. Pero es un hecho que alguien salió lastimado y hay que sanarle. Cuando reflexionamos sobre nuestro pasado encontramos seres humanos que nos rechazaron. Incluso algunos de ellos quizá lo hicieron con intención.

A pesar de ello nuestro enfoque debe estar en qué podemos hacer para salir adelante a pesar de lo sucedido, no en a quién debemos responsabilizar. Buscar culpables no resuelve el problema, sólo agrega rencor al pesado costal que cargamos.

2 comentarios:

Brando dijo...

Sabes, me has puesto a pensar, de verdad que es para reflexionar, interesante planteamiento.

Nacho dijo...

Bueno Hermano, una buena dosis de reflexión sobre el rechazo y su poder destructivo. A veces sin querer nos autoaislamos, producto de nuestros pensamientos, complejos o frustraciones, y deberíamos de ser un poco más tolerantes y menos impositivos, para evitar la tendencia a rechazar. Un abrazo a todos desde la Madre Patria.